Tomando a los Padres

martes, 27 de julio de 2010 0 comentarios
 ahora somos ADULTOS.... Donde estan las monedas? de Joan Garriga

En una noche cualquiera, una persona, de la que no sabemos si es un hombre o una mujer, tuvo un sueño. Es un sueño que todos tenemos alguna vez. Esta persona soñó que en sus manos recibía unas cuantas monedas de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, cientos, una docena o aún menos. Tampoco sabemos de qué metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce, hierro o quizá de barro.

Mientras soñaba que sus padres le entregaban estas monedas, sintió espontáneamente una sensación de calor en su pecho. Quedó invadida por un alborozo sereno y alegre. Estaba contenta, se llenó de ternura y durmió plácidamente el resto de la noche.

Cuando despertó a la mañana siguiente, la sensación de placidez y satisfacción persistía. Entonces, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Y, cuando llegó, mirándolos a los ojos, les dijo:

— Esta noche habéis venido en sueños y me habéis dado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran monedas de un metal precioso o no. Pero no importa, porque me siento plena y contenta. Y vengo a deciros gracias, son suficientes, son las monedas que necesito y las que merezco. Así que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas seré capaz de recorrer mi propio camino.

Al oír esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, se sintieron aún más grandes y generosos. En su interior sintieron que aún podían seguir dando a su hijo, porque la capacidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar. Así, dijeron: 
— Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal. Son para ti.

Entonces este hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban firmes sobre la tierra y andaba con fuerza. Su cuerpo también estaba bien asentado en la tierra y ante sus ojos se abría un camino claro y un horizonte esperanzador.

Mientras recorría el camino de la vida, encontró distintas personas con las que caminaba lado a lado. Se acompañaban durante un trecho, a veces más largo o más corto, otras veces estaban con él durante toda la vida. Eran sus socios, sus amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores e incluso sus adversarios. En general, el camino resultaba sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.

De vez en cuando esta persona volvía la vista atrás hacia sus padres y recordaba con gratitud las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida, miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual, aparecía la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello había sido posible gracias a lo recibido de ellos y que con su éxito y logros les honraba.

Se decía a sí mismo: «No hay mejor fertilizante que los propios orígenes», y entonces su pecho volvía a llenarse con la misma sensación expansiva que le había embargado la noche que soñó que recibía las monedas.

Sin embargo, en otra noche cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueño, ya que tarde o temprano todos llegamos a tener este sueño. Venían sus padres y en sus manos le entregaban unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, unos cientos, una docena o aún menos. No sabemos de qué metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce, hierro o quizás de barro…

Al soñar que recibía en sus manos las monedas de sus padres sintió espontáneamente un pellizco de incomodidad. La persona quedó invadida por una agria inquietud, por una sensación de tormento en el pecho y un lacerante malestar. Durmió llena de agitación lo que quedaba de noche mientras se revolvía encrespada entre las sábanas.

Al despertar, aún agitada, sentía un fastidio que parecía enfado y enojo, pero que también tenía algo de queja y resentimiento. Quizá lo que más reinaba en ella era la confusión y su cara era el rostro del sufrimiento y de la disconformidad. Llena de furia y con un ligero tinte de vergüenza, decidió caminar hacia la casa de sus padres.

Al llegar allí, mirándolos de soslayo les dijo:

— Esta noche habéis venido en sueño y me habéis dado unas cuantas monedas. No sé si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué material estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vacía, lastimada y herida. Vengo a decirles que vuestras monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me corresponden. Así que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de ustedes y me lleguen a través vuestro. Con ellas mi camino sería demasiado pesado o demasiado triste de recorrer y no lograría ir lejos. Andaré sin vuestras monedas.

Y los padres que, como todos los padres, empequeñecen y sufren cuando no tienen el reconocimiento de sus hijos, aún se hicieron más pequeños. Se retiraron, disminuidos y tristes, al interior de la casa. Con desazón y congoja comprendieron que todavía podían dar menos a este hijo porque ante la dificultad para tomar y recibir, la grandeza y el deseo de dar se hacen pequeñas y languidecen. Guardaron silencio, confiando en que, con el paso del tiempo y la sabiduría que trae consigo la vida, quizá se pudieran llegar a enderezar los rumbos fallidos del hijo.

Es extraño lo que ocurrió a continuación. Después de haber pronunciado estas palabras ante los padres en respuesta a su sueño, este hijo se sintió impetuosamente fuerte, más fuerte que nunca. Se trataba de una fuerza extraordinaria. Se había encarnado en él la fuerza feroz, empecinada y hercúlea que surge de la oposición a los hechos y a las personas. No era una fuerza genuina y auténtica como la que resulta del asentimiento a los hechos y que está en consonancia con los avatares de la vida, pero la fuerza era intensa.

Sin ninguna serenidad interior, aquella persona abandonó la casa de los padres diciéndose a sí misma:

— Nunca más.

Impetuosamente fuerte, pero también vacía, huérfana y necesitada, aún queriéndolo y deseándolo, no lograba alcanzar la paz.

A medida que la persona se alejaba de la casa de sus padres sentía que sus pies se elevaban unos centímetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no podía caerse por su propio peso real. Pero lo más relevante ocurría en sus ojos: los abría de una manera tan particular que parecía que miraba siempre lo mismo, un horizonte fijo y estático.

La persona desarrolló una sensibilidad especial. Así, cuando encontraba a alguien a lo largo de su camino, sobre todo si era del sexo opuesto, esta sensibilidad le hacía contemplarlo con una enorme esperanza, la que, sin darse cuenta le llevaba a preguntarse:

— ¿Será esta persona la que tiene la monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será esta la persona que tiene aquello que merezco?

Si la respuesta que se daba a si misma era afirmativa, resultaba fantástico. A esto, algunos lo denominan enamoramiento. En esos momentos sentía que todo era maravilloso. No obstante, cuando el enamoramiento acababa convirtiéndose en una relación y la relación duraba lo suficiente, la persona generalmente descubría que el otro no tenía lo que le faltaba, aquellas monedas que no había tomado de sus padres.

— ¡Qué pena!, se decía y se quejaba amargamente de su mala suerte, culpando al destino de ello.

A esto lo llaman desengaño y esta persona se sentía sometida a un tormento emocional que tomaba la forma de desesperación, desazón, crisis, turbulencia, enfado, frustración…

Por suerte, o no, en este momento podía estar esperando a un hijo y la desazón se volvía más dulce y esperanzadora, más atemperada. Entonces la pregunta volvía a su inconsciente:

— ¿Será este hijo que espero, tan bien amado, quien tiene las monedas que merezco, que necesito y que me corresponden y que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será este ser el que tiene aquello que merezco?

Cuando se contestaba de nuevo que sí, era maravilloso, formidable y empezaba a sentir un vínculo especial con ese hijo, un vínculo asombroso, muy estrecho, lleno de expectativas y anhelos.

Pero si pasa el tiempo suficiente la mayoría de los hijos desean tener una vida propia y saben que tienen propósitos de vida propios e independientes de sus padres. Entonces, aunque aman a sus padres y desean hacer lo mejor para ellos, la presión de tener vida propia resulta exigente, imperiosa y tan arrolladora como la sexualidad.

Así es como, de nuevo, esta persona comprende un día que tampoco su hijo tiene las monedas que necesita, merece y le corresponden. Sintiéndose más vacía, huérfana y desorientada que nunca entra en crisis y desesperación. Enferma. Ahora tiene entre 40 y 50 años, la fase media de la vida. Ahora ningún argumento la sostiene ya, ninguna razón la calma. Es su “cata-crac” y grita:

— ¡A Y U D A!

¡Hay tanta urgencia en su tono de voz! ¡Su rostro está tan desencajado! Nada la calma, nada puede sostenerla.

Y… ¿qué hace? Va al terapeuta.

El terapeuta la recibe pronto, la mira profunda y pausadamente y le dice:

— Yo no tengo las monedas.

Hay dos clases de terapeutas: los que piensan que tienen las monedas y los que saben que no las tienen.

El terapeuta ha visto en sus ojos que sigue buscando las monedas en el lugar equivocado y que le encantaría equivocarse de nuevo. El terapeuta sabe que las personas quieren cambiar, pero les cuesta dar su brazo a torcer, no tanto por dignidad sino por tozudez y costumbre.

Él piensa: “Amo y respeto mejor a mis pacientes cuando puedo hacerlo con sus padres y con su realidad tal como es. Los ayudo cuando soy amigo de las monedas que les tocan, sean las que sean.”

El terapeuta añade: “Yo no tengo las monedas pero sé dónde están y podemos trabajar juntos para que también tú descubras dónde están, cómo ir hacia ellas y tomarlas.”

Entonces el terapeuta trabaja con la persona y le enseña que durante muchos años ha tenido un problema de visión, un problema óptico, un problema de perspectiva. Ha tenido dificultades para ver claramente. Sólo se trata de eso.

El terapeuta le ayuda a reenfocar y a modular su mirada, a percibir la realidad de otra manera, desde una perspectiva más clara, más centrada y más abierta a los propósitos de la vida. Una manera menos dependiente de los deseos personales del pequeño yo que trata de gobernarnos.

Un día, mientras espera a su paciente, el terapeuta piensa que está listo y que debe decirle, por fin y claramente, dónde están las monedas. Y este mismo día, como por arte de birlibirloque, llega el paciente. Tiene otro color de piel, las facciones de su rostro se han suavizado y comparte su descubrimiento:

— Sé dónde están las monedas. Siguen con mis padres.

Primero solloza, luego llora abiertamente. Después surge el alivio, la paz y la sensación de calor en el pecho. ¡Por fin!

Durante el trabajo terapéutico ha atravesado las purulencias de sus heridas, ha madurado en su proceso emocional y ha reenfocado su visión. Ahora se dirige de nuevo, como lo hizo hace tantos años atrás a la casa de sus padres.

Los mira a los ojos y les dice:

— Vengo a deciros que estos últimos diez, veinte o treinta años de mi vida he tenido un problema de visión, un asunto óptico. No veía claramente y lo siento. Ahora puedo ver y vengo a deciros que aquellas monedas que recibí de vosotros en sueños son las mejores monedas posibles para mi. Son suficientes y son las monedas que me corresponden. Son las monedas que merezco y las adecuadas para que pueda seguir. Vengo a daros las gracias. Las tomo con gusto porque vienen de vosotros y con ellas puedo seguir andando mi propio camino.

Ahora los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, vuelven a florecer y el amor y la generosidad fluyen de nuevo con facilidad. Así el hijo ahora es plenamente hijo, porque puede tomar y recibir.

Los padres le miran sonrientes, con ternura y contestan:

— Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único, propio y personal, para ti. Puedes tener una vida plena.

Ahora este hijo se siente grande y pleno. Se percibe completo y rico y puede, por fin, dejar la casa de los padres con paz. A medida que se aleja siente sus pies firmes pisando el suelo con fuerza, su cuerpo también está asentado en la tierra y sus ojos miran hacia un camino claro y un horizonte esperanzador.

Resulta extraño: ha perdido esa fuerza impetuosa que se nutría del resentimiento, del victimismo o del exceso de conformidad. Ahora tiene una fuerza simple y tranquila, una fuerza natural.

Recorriendo el camino de su vida encontraba con frecuencia otra personas con las que caminaba lado a lado como acompañantes durante un techo, a veces largo, a veces corto, a veces durante toda la vida. Socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, incluso adversarios. En general se trataba de un camino sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y con su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.

Un día se acercó a la persona de la que se enamoró pensando que tenía las monedas y también le dijo:

— “Durante mucho tiempo he tenido un problema de visión y ahora que veo claro te digo: Lo siento, fue demasiado lo que esperé. Fueron demasiadas expectativas y sé que esto fue una carga demasiado grande para ti y ahora lo asumo. Me doy cuenta y te libero. Así el amor que nos tuvimos puede seguir fluyendo. Gracias. Ahora tengo mis propias monedas.”

Otro día va a sus hijos y les dice:

— Podéis tomar todas las monedas de mi, porque yo soy una persona rica y completa. Ahora que he tomado las mías de mis padres. Entonces los hijos se tranquilizan y se hacen pequeños respecto a él y están libres para seguir su propio camino tomando sus propias monedas.

Al final de su largo camino se sienta y mira aún más allá. Hace un repaso a la vida vivida, a lo amado y a lo sufrido, a lo construido y a lo maltrecho. A todo y a todos logra darles un buen lugar en su alma. Los acoge con dulzura y piensa:

— Todo tiene su momento en el vivir: el momento de llegar, el momento de permanecer y el momento de partir. Una mitad de la vida es para subir la montaña y gritar a los cuatro viento: “Existo”. Y la otra mitad es para el descenso hacia la luminosa nada, donde todo es desprenderse, alegrase y celebrar.

La vida tiene sus asuntos y sus ritmos sin dejar de ser el sueño que soñamos.

Destinos "Ajenos"

jueves, 15 de julio de 2010 0 comentarios
Las Constelaciones Familiares surgen de la investigación y la constatación de que la familia es una red de vínculos en donde el dolor que se vive recorre todo el sistema.


Uno de los puntos de apoyo de Bert Hellinger para el desarrollo de su terapia sistémica de “Constelaciones Familiares” ha sido constatar un número inusual de suicidios inexplicables entre los descendientes de antiguos nazis.

¿Cómo nos pueden afectar tanto los sucesos ocurridos hace dos o tres generaciones, especialmente cuando los descendientes no han llegado a conocer a esos antepasados?

¿A través de qué mecanismos podemos los individuos sentir emociones que no nos pertenecen y que nos impulsan a seguir destinos que no se corresponden con nuestras vidas?

En la inmensa mayoría de las tribus que aún no han sido desposeídas de sus tradiciones milenarias, cuando un individuo está enfermo, ya sea física o mentalmente, se asume que la causa radica en algún problema interno de la tribu. Los hombres sabios de la tribu saben que hay algo pendiente de resolver en la tribu, y que uno o más individuos lo están pagando o manifestando a través de su enfermedad física o su desequilibrio mental.

Por ello, no es extraño ver que las tribus que siguen en contacto con su tradición y sus antepasados dan una especial importancia a las ceremonias de despedida de los muertos.

La conciencia de la tribu está conectada con una dinámica transgeneracional, impulsada por una memoria colectiva, que les mueve a desenredar todo lo que pueda estar pendiente en la relación de la persona fallecida con su tribu.

El objetivo de dicha conciencia colectiva es sacar a la luz los enredos que están hundidos para equilibrar el sistema de relaciones y armonizar sus vínculos.

En occidente, al no tener conciencia de estas fuerzas, tendemos a repetir, con demasiada frecuencia, las mismas historias y los mismos dramas de nuestros antepasados, sin que se produzcan cambios significativos hacia la resolución de estos conflictos generacionales.

En las Constelaciones Familiares se muestra con gran claridad cómo las cargas energéticas de las vivencias no resueltas de los antepasados empujan a sus descendientes a repetir situaciones complicadas o difíciles, y en ocasiones dramáticas.

En cada familia, hay secretos que viajan silenciosamente a través de las generaciones. Son silencios con una profunda carga emocional de vergüenza, culpa y dolor que han sido "enterrados" para evitar el sufrimiento que producen en el sistema familiar.

Pero, en el alma familiar (la familia y la red de vínculos del sistema familiar) hay una instancia superior que se ocupa de que nada se pierda ni se olvide. No se puede negar el afecto ni la dignidad ni el honor a un miembro sin que haya consecuencias posteriores.

Por esta razón, es necesario reconocer a todos los miembros de la familia y darles el lugar de respeto que les corresponde.

En caso contrario, otros miembros se sentirán atrapados en los sentimientos de los que fueron apartados u olvidados, y tenderán a repetir su difícil suerte o su destino trágico.

Sin embargo, cuando, desde el modelo tradicional de las Constelaciones Familiares, se dice que "ciertas desgracias familiares tratan de ser compensadas con otras desgracias" resulta una explicación poco razonable. En todo caso, se podría hablar de que las desgracias se repiten hasta que realmente se comprenden sus raíces.

Afirmar que cuando un miembro de la familia nace discapacitado, otro miembro puede decidir "limitarse" y negarse a ser feliz, tampoco es una respuesta satisfactoria desde la perspectiva Primal.

Más aún, cuando se explica como un "amor ciego" o como un rechazo debido al supuesto "tabú de la felicidad", lo estamos reduciendo a un razonamiento absurdo.
Cuando un miembro se atreve a ser feliz no tiene por qué sentirse solo ni culpable.
La causa que impide a un hermano ser feliz debido a la incapacidad de su hermano debe de tener su origen en algún suceso anterior.

Intuyo que cuando nace un miembro discapacitado es porque hay una energía sin resolver latente en el sistema (falta de reconocimiento al sufrimiento de algún antepasado, una injusticia grave, etc.), y que dicha energía también la sienten otros miembros de la familia en mayor o menor medida.

Unos miembros tan solo reciben el impacto emocional o sensorial, mientras que otros somatizan el dolor latente hasta llegar a la enfermedad o la discapacidad, o incluso la muerte (según sea hombre o mujer, y su nivel de sensibilidad o empatía).

La conciencia familiar tan solo busca despertar e integrar lo que aún no ha sido sentido y comprendido. No existe ningún ánimo de compensación o venganza. Tan solo el reconocimiento de la verdad, que con demasiada frecuencia solamente llega a través del dolor y del duelo.

En el supuesto de que el miembro que vibra más intensamente con esa carga termine por "irse del sistema", la energía seguirá latente e inundará a otro miembro de la misma generación o de generaciones posteriores, con la misma intensidad vibracional, aunque su manifestación, en esta ocasión, pueda ser mental en vez de física (o viceversa).
A no ser que se produzca un re-encuentro auténtico, dentro de la familia, con el mundo emocional y afectivo, la conciencia del sistema familiar creará situaciones similares una y otra vez hasta lograr equilibrar los lazos energético-emocionales que unen a sus miembros.

La muerte de un miembro no puede ser una expiación de una culpa, sino una oportunidad para que los miembros de la familia se unan en el sentimiento mutuo de dolor. El dolor que despierta dicha muerte hace que lo que no pudo ser sentido y reconocido con anterioridad pueda ser sentido. Cuando esto sucede finalmente, la conciencia del árbol genealógico deja de repetir la trampa que nos impide evolucionar.

Los padres y los antepasados siempre se alegran de que los descendientes sean felices. Se sienten parte de ellos y desean ver nacer algún fruto de su trabajo, su esfuerzo o su desgracia, y también anhelan encontrar, a través de sus descendientes, algún sentido a su lucha en esta vida.

Dichos antepasados raramente buscan venganza, pero sí necesitan sentir un profundo reconocimiento por parte de sus descendientes, quizás para aliviar su culpa, quizás para sentirse acompañados en su dolor por lo que no pudo ser cuando estaban vivos. Solamente cuando existe este reconocimiento energético-emocional y afectivo, pueden descansar, y su energía se convierte en fuerza positiva que acompaña y apoya a los descendientes.

Quizás exista un código de lealtad que se superpone a nuestros deseos personales, y que si uno es infeliz se siente inocente y que por ello prefiere ser infeliz, pero esta es una explicación demasiado simple e "inocente".

Tampoco podemos justificar esto con la teoría del "amor ciego" del niño que no le deja ser feliz porque desea estar cerca de sus antepasados. En todo caso, deberíamos hablar más bien de la gran sensibilidad del niño para percibir la vibración energética que le llega de sus antepasados y lo inunda, porque poco puede hacer para evitarlo.

Tampoco creo que se niegue a ser feliz, sino que, con el tiempo, queda atrapado en la infelicidad de sus antepasados (incluidos sus padres). Muchos niños harán grandes esfuerzos por intentar sacarlos de ahí u ocuparse de resolver sus problemas,... todo por amor. No se dan cuenta de que el mundo de los adultos es mucho más complicado y complejo de lo que cualquier niño puede sospechar.

Una Constelación Familiar es uno método rápido y efectivo para ver qué dinámicas e implicaciones familiares están contribuyendo a mantener latentes ciertos problemas.

Pero ¿cómo es posible que los participantes que hacen de representantes en una Constelación Familiar puedan sentir cosas de aquellos a quienes representan, sin conocer nada con anterioridad de su historia familiar?

Las personas expuestas como representantes, canalizan sentimientos, sensaciones y vivencias, y con frecuencia manifiestan síntomas físicos ajenos. Se sienten, sin ningún tipo de inducción, como "poseídos" por sentimientos muy parecidos a los sentimientos de las personas reales a las que representan. Es un aspecto misterioso e inexplicable para la ciencia convencional.

Algunos investigadores buscan explicaciones en la teoría cuántica, mientras que otros, como el biólogo Rupert Sheldrake, lo denomina campos morfogenéticos. Para Sheldrake, las estructuras y los procesos cristalizan dentro de un determinado contexto, y la memoria del sistema permanece y puede ser captada.

Aún sabemos muy poco sobre la trasmisión de la información emocional-afectiva. La ciencia convencional asume que todo se trasmite a través de las experiencias vividas ya sean verbales o no verbales, y apenas ha investigado otras hipótesis más amplias.

La experiencia vivencial de las Constelaciones Familiares nos muestra que podemos intuir, percibir o sentir sucesos latentes ocurridos hace varias generaciones en otras familias que no hemos conocido (u otros sistemas).

No se trata de caer en esoterismos fantasiosos, sino de constatar científicamente lo que sucede en los talleres de Constelaciones Familiares, y ampliar el marco científico con el que miramos nuestra realidad.

Algunos terapeutas e investigadores en el campo de la psicogenealogía llevan años tratando de explicar de qué forma se trasmiten ciertas vivencias a través de las generaciones. Las explicaciones son variopintas, casi siempre demasiado elaboradas, y con frecuencia desacertadas.

Ocurre algo similar con las interpretaciones para explicar el llanto y los berrinches de los bebés. Casi nadie lo comprende, pero los especialistas no paran de dar explicaciones que parecen coherentes.

Quienes han participado como representantes en algún taller de Constelaciones Familiares han podido constatar la presencia energética de información que no tiene nada que ver con sus propias vivencias ni las de su propia familia.

Este hecho es revelador para la investigación psicogenealógica porque si alguien desconocido puede experimentar estas vivencias, no debería de extrañar a nadie que un miembro de una familia pueda captar y sentirse influido por los sentimientos de otro miembro de su familia (incluidos los bisabuelos o tatarabuelos que no ha conocido).

Es evidente que existe una trasmisión verbal y no verbal de padres a hijos, de abuelos a nietos,... pero la evidencia que aparece en los talleres de Constelaciones Familiares nos muestra que no es la única influencia que recibimos, y que con frecuencia esas influencias invisibles son mucho más importantes de lo que nunca habíamos sospechado antes.

Por lo tanto, no es necesario seguir buscando una explicación completa en la trasmisión verbal y no verbal de la biografía de cada individuo. Basta con aceptar que estamos unidos por otros vínculos energéticos que se pueden constatar en los talleres de Constelaciones, y que algún día la ciencia tradicional llegará a incluirlo en su marco referencial.

Si lo descartamos, porque no encaja en el marco teórico tradicional o porque suena demasiado esotérico o increíble, le estamos haciendo un flaco favor a la todo poderosa ciencia. Por suerte, estamos en una época en donde existe una aceptación generalizada de "la magia" de la teoría cuántica, y es un buen momento para reivindicar la magia de los vínculos familiares en nosotros mismos.

En su libro "The Field" (El Campo) Lynne McTaggart nos presenta ciertas investigaciones recientes que evidencian científicamente lo que los grandes maestros espirituales nos han estado diciendo durante siglos.

En occidente, durante las últimas décadas, se ha ensalzado al individuo, desplazando a un segundo plano a la familia, pero ha sido tan solo una moda ideológica, una tendencia social y política de los tiempos, un intento por romper con el orden opresor establecido basado en la familia tradicional.

Sin embargo, la polaridad individuo-grupo se complementa perfectamente y está en el centro de los procesos profundos de cada persona. Necesitamos desarrollar nuestra individualidad y al mismo tiempo sentirnos parte de la familia, de la comunidad, del grupo.

Hay personas que creen poder dirigir su vida, pero hay fuerzas familiares y sociales muy poderosas. La ironía de la vida es que, con frecuencia, es mucho más productivo entregarse a estas fuerzas que resistirse. Al hacerlo, dejamos de malgastar energía inútil y finalmente podemos empezar a vivir nuestra vida e incluso podemos dirigirla un poco.

Aunque pueda parecer paradójico, dirigir nuestra vida como individuos no está en contradicción con ser dirigidos en cuanto que nos movemos como parte del grupo. Ambos movimientos tienen su lugar, se complementan y son necesarios.

¿Se puede hablar de un alma familiar?

El término alma está demasiado ligado al mundo eclesiástico y puede despertar sentimientos de rechazo en algunos ambientes. Quizás sería mejor hablar de campos morfogenéticos, o campos de información o conocimiento.

Desde la perspectiva de las Constelaciones Familiares, el alma se entiende como una red de vínculos, una comunidad de destino unida por la vida y la muerte. No tiene ninguna connotación religiosa en el sentido tradicional.

Quienes han estudiado antropología saben de la importancia de los vínculos y del grupo. En las tribus no hay jueces ni cárceles, y cuando se rechaza o se marginar a un individuo, por ejemplo negándole el saludo, este puede llegar a suicidarse, porque sin el vínculo su vida no tiene demasiado sentido.

Incluso en nuestra sociedad, durante la época medieval, el destierro podía ser un castigo peor que la cárcel o incluso la muerte.

¿La terapia de las Constelaciones Familiares se considera parte de la terapia sistémica o de la psicogenealogía?

Más que una terapia, se podría hablar de una experiencia vital de una gran riqueza. Se mueven tantas fuerzas y tantas energías a tantos niveles... Es una experiencia multidimensional que trasciende el plano meramente intelectual e incluso el emocional.

Yo la enmarcaría dentro de la psicogenealogía, pero el precursor es Bert Hellinger y su base es esencialmente sistémica.

Hay varios autores que han llegado a la psicogenealogía por diferentes caminos (Hellinger, Jodorowski, Didier Dumas, Chantal Rialland, Anne Ancelin,...). Todos ellos nos pueden aportar grandes luces y algunas sombras. Lo importante es caminar con confianza y humildad por nuestro destino, y dar tiempo a que se despeje la niebla que nos mantiene distantes e ignorantes.
Quizás todos venimos de la luz y, antes de venir a este mundo, nos hacemos ignorantes para jugar el juego de las relaciones, el juego de la vida... Sin esa ignorancia, la vida no tendría el mismo sentido.

Ángel Álvarez es Terapeuta Primal, así como Presidente de la Asociación Primal

Yo y mi arbol

viernes, 9 de julio de 2010 0 comentarios
La vida me viene a traves de la sabia de mi arbol genealogico, de mi familia, es mi destino, pero de ahi viene tambien mi libertad.

Taller Julio 2010

martes, 6 de julio de 2010 0 comentarios


Lazos de Amor

Fecha: 24 de julio de 2010

Comprendiendo lo que somos capaces de hacer por amor a nuestras familias.

Taller Terapéutico en base a las Constelaciones Familiares y Estructurales.

¿Tienes problemas recurrentes de pareja?

¿Tienes dificultades en la generación y manejo del dinero?

¿Tienes problemas de salud importantes?

¿Las mujeres de mi familia no tienen pareja?

¿Te es difícil encontrar y conservar un empleo?

¿Siempre te ocurre lo mismo con las parejas?

¿Tienes un dilema?

¿Quieres alcanzar una meta y no sabes qué hacer?

¿Tienes relaciones difíciles con tus hijos?



Las Constelaciones Familiares y Estructurales, permiten sacar a la luz y exteriorizar las dinámicas ocultas que actúan en una situación y comenzar a mirar cuales serian los primeros pasos para una solución.

Asistiendo a este Taller podrás:

1. Aprender los conceptos de Lealtad, Conciencia y Vinculo que actúa en los Sistemas Familiares

2. Aprender cuales son los “Ordenes del Amor” que deben respetarse para que el amor fluya.

3. Trabajar de forma directa o indirecta tus casos personales.

Si sientes que este mensaje es para ti, puedes escribirnos.

Si sientes que este mensaje puede serle de utilidad a otro, circúlalo con libertad.

Pre- inscripciones Abiertas por :

Constelacionesycoaching@gmail.com

Mayor información puedes consultar:

http://www.constelacionesycoaching.blogspot.com

http://www.facebook.com/pages/Destinos-Coaching-y-Constelaciones-Sistemicas/302249513437?ref=sgm



Facilitadores:

Maria Celeste Diaz: Terapeuta en Constelaciones Familiares del Instituto Bert Hellinger . Terapeuta en Respuesta Espiritual TRE, de la Asociación de Respuesta Espiritual. Reiki I y II, Ing. De Sistemas.

Daphne Bolivar Izquierdo: Terapeuta en Constelaciones Familiares del Instituto Bert Hellinger. Coach de Vida y Carrera Internacional, certificada por la International Coaching Community. Practitioner y Master en Programación Neurolingüística del IVPNL. Lic. RRII.

Horario:
9:00 am a 5:00pm
Direccion:
Centro Comercial Paseo Las Mercedes
Inversion:
350 bs.

Reconstructivas4

lunes, 5 de julio de 2010 0 comentarios
Comparto el Video de mi Profesora Carola Castillo, sobre los principios de las Constelaciones Familiares

Nuestra Sombra

martes, 29 de junio de 2010 0 comentarios

Nos encontramos con la sombra todos los días: cuando nos enfurecemos porque alguien nos decepciona, cuando rechazamos a una persona que ni siquiera conocemos, o idealizamos a otra.



Nuestras reacciones emocionales y los juicios que formulamos de manera automática e inmediata reflejan aspectos inconscientes propios, y si logramos reconocerlos, tenemos la oportunidad de conocernos más plenamente. Para conocernos, o más bien, re-conocernos, necesitamos tomar conciencia de que todo lo que admiramos o rechazamos en los demás existe en nuestro interior.

Ello se debe a la proyección: el mecanismo de defensa inconsciente mediante el cual les atribuimos características propias a otros. Al proyectar, depositamos un aspecto interno en alguna persona o situación externa, y luego reaccionamos frente a ésta de manera positiva o negativa, con atracción o con rechazo.



La proyección puede ser empleada de dos formas diferentes. La primera consiste en culpar a otra persona por nuestras faltas –un jugador de fútbol aduce que no pudo marcar un gol durante un partido por culpa de sus compañeros, un estudiante suspende un examen y afirma que le "pusieron" una mala nota porque el profesor estaba de mal humor. En estas situaciones, se adopta una actitud infantil e inmadura para evitar hacerse cargo de la propia responsabilidad.



El otro tipo de proyección ocurre cuando les adjudicamos a otros seres nuestras actitudes y tendencias inconscientes. Esto ocurre en todo vínculo, pero podemos verlo con mayor claridad en la relación de pareja. Un hombre puede proyectar en su mujer su propia vulnerabilidad o su dependencia; una mujer puede proyectar en el hombre su inteligencia, su poder y su capacidad para tener éxito.



La técnica más útil y reveladora para descubrir a la sombra es observar nuestras reacciones hacia las personas, objetos y acontecimientos del mundo exterior. La reactividad indica que nos hemos divorciado de una característica propia que deberíamos reincorporar; en cada caso, la intensidad de la reacción refleja el grado en que ese material "externo" existe a nivel interno.



Toda vez que sentimos una emoción intensa, es necesario identificar el aspecto personal que se ha activado; ésta no es una tarea fácil, ya que las emociones intensas no se caracterizan precisamente por inducirnos a la reflexión y la auto-indagación.

No obstante, ver qué o a quiénes despreciamos o idealizamos permite descubrir facetas personales que de otra forma no registraríamos. Si critico a alguna mujer por ser demasiado libre o demasiado reprimida a nivel sexual, convendrá explorar qué ocurre con mi propia sexualidad; si detesto a algún político por considerarlo mentiroso o corrupto, seguramente encontraré equivalentes internos para estas características.



Si hacemos una lista detallada de todas las cualidades que detestamos y que admiramos, obtendremos una descripción muy acertada de nuestra sombra. Los aspectos que consideramos "negativos" cumplen una función dentro de nuestra estructura psíquica. Tendemos a entablar una batalla con nuestras cualidades proyectadas cada vez que las encontramos, o creemos haberlo hecho, en alguna persona. Sin embargo, gran parte de lo que nos parece negativo es algo que en su momento sirvió para protegernos.



Una alternativa más sabia consistiría en intentar amigarnos con las características que rechazamos y comprender su sentido profundo. Habitualmente, la rigidez encubre un exceso de vulnerabilidad, la soberbia se asienta sobre una base de timidez y la avidez tiene sus raíces en el temor a la escasez. Las críticas, que a veces se deben a la envidia, sirven para compensar sentimientos de inferioridad inconscientes, intentando generarlos en otro/s.



Las cualidades repudiadas se transforman por medio de su inclusión y aceptación. En lugar de rechazar lo que consideramos negativo, precisamos explorar su significado y su potencial. Si dejamos de reprimir nuestra ira, podremos conectarnos con el enojo saludable, que nos ayuda a expresar lo que sentimos, poner límites y lograr acuerdos. El perfeccionismo contiene la capacidad para desplegar excelencia en lo que hacemos; el egoísmo puede enseñarnos a satisfacer nuestros deseos y necesidades, y el anhelo por el poder puede convertirse en liderazgo y servicio.



Los aspectos positivos de la sombra son virtudes y talentos que forman parte de nuestro potencial. Una persona temerosa puede demostrar un grado de valentía sorprendente durante una emergencia, y una persona egoísta puede exhibir repentinamente rasgos de gran generosidad; en estos casos, la valentía y la generosidad son aspectos de la sombra positiva.



Admirar o envidiar a otros por sus aptitudes y talentos es una señal de que están espejando cualidades propias inexploradas. Muchas veces no se trata de lo que alguien hace, sino la forma en que lo hace, como atreverse a expresar sus ideas con firmeza y valentía. La actividad concreta no es importante, ya que puedo apreciar a un gran ajedrecista por su disciplina y dedicación y desarrollar esas características sin que ello implique dedicarme a jugar al ajedrez. Curiosamente, a veces resulta más difícil aceptar la sombra positiva que la negativa; nos cuesta más percibir nuestra nobleza y ternura que nuestra indiferencia o crueldad debido a que nos hacen sentir expuestos y vulnerables.



La integración de la sombra es un requisito indispensable para la transformación personal. Descubrir a nivel interno las características que nos hacen reaccionar a nivel externo modifica nuestra actitud. Con frecuencia, y como "por arte de magia", también suele producirse una modificación en la otra persona, y de pronto, nos damos cuenta de que no era tan irritante, desagradable o maravillosa como suponíamos. Aun cuando esto no ocurra, habremos eliminado o, al menos, disminuido nuestra reactividad.



La sombra nos muestra una perspectiva diferente a la del ego. Negarnos a aceptarla nos mantiene empequeñecidos y empobrecidos, conectados únicamente con un fragmento de nuestra totalidad. Por otra parte, cuando continuamos proyectándola, obligamos a otros a hacerse cargo de la oscuridad o de la luz que en realidad nos pertenecen. Una persona integrada es capaz de acarrear su propia mochila de cualidades positivas y negativas, liberando así a los demás de la carga de sus proyecciones.



Cuando reconocemos a la sombra, surge la posibilidad de desarrollar la auto-aceptación, la compasión y el amor incondicional para con nosotros mismos, elementos indispensables para la evolución personal y, eventualmente, para la transformación colectiva. Es tarea de cada uno descubrir la propia sombra e iluminarla con la luz de la conciencia, y éste es un proceso que dura toda la vida. Independientemente de las distancias recorridas, en el camino espiritual nos encontramos siempre al comienzo...

Cortesia de: Alicia Schmoller

Me siento MISERABLE

lunes, 21 de junio de 2010 0 comentarios
Cuando nos sentimos heridos emocionalmente, pueden surgir memorias que la mayoría de nosotros quiere arrojar al sótano del inconsciente. Pensamos que el tiempo se encargará de curarlas, pero ellas continúan volviendo. He aquí un método mucho más efectivo para curarlas...

 
"Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación.

Siéntate en silencio, cierra las puertas. Primero, siente la desgracia con tanta intensidad como sea posible. Siente el dolor. Alguien te ha insultado:

Ahora, la mejor manera de esquivar el dolor consiste en ir e insultarle, a fin de poder estar ocupado con esa persona. Eso no es meditación.

"Si alguien te ha insultado, agrádecele porque te ha dado la oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida. La herida puede haber sido creada por muchos, muchos insultos que has padecido en toda tu vida; puede que esa persona no sea la causa de todo el sufrimiento, pero ha disparado un proceso.

"Simplemente cierra tu habitación, siéntate en silencio, sin enojo por la persona, pero con total atención al sentimiento que está surgiendo en ti:

el sentimiento de dolor porque has sido rechazado, porque se te ha insultado. Y, entonces te quedarás sorprendido pues no sólo esa persona está

ahí: todos los hombres y todas las mujeres y toda la gente que alguna vez te ha insultado empezarán a pasar por tu memoria.

"Empezarás no sólo a recordarlos, empezarás a revivirlos. Entrarás en una especie de primal. Siente el dolor, siente la pena, no la esquives. Por eso es que, en muchas terapias se le pide al paciente que no tome droga alguna antes de que empiece la terapia, por la razón simple de que las drogas son una forma de escapar de tu miseria interior. No te permiten ver las heridas, las reprimen. No te dejan penetrar en tu sufrimiento y, a menos que penetres en tu sufrimiento, no puedes ser liberado de su aprisionamiento.

"Es perfectamente científico dejar todas las drogas antes de entrar en la terapia, si es posible incluso drogas como el café, el té, el cigarrillo, porque son todas formas de escapar. ¿Has observado? Cuando te sientes nervioso inmediatamente empiezas a fumar. Es una forma de evitar el nerviosismo; te entretienes fumando. En realidad es una regresión. El cigarrillo te hace sentir otra vez como un niño - despreocupado,

irresponsable- porque el cigarrillo no es más que un seno simbólico. El humo caliente te lleva simplemente otra vez a los días en que te alimentabas del pecho materno y la leche tibia iba penetrando: El pezón se ha convertido en un cigarrillo. El cigarrillo es un pezón simbólico. Por medio de la regresión esquivas las responsabilidades y las penas de ser adulto. Y eso es lo que sucede con muchas, muchas drogas.

"El hombre moderno está drogado como nunca antes, porque está viviendo en un gran sufrimiento. Sin las drogas sería imposible vivir con tanto sufrimiento. Esas drogas crean una barrera; te mantienen drogado, no te permiten la sensibilidad suficiente para reconocer tu pena. La primera cosa a hacer es cerrar las puertas y detener toda clase de ocupación: mirar la tele, escuchar la radio, leer un libro. Detén todas las ocupaciones, porque eso también es una droga sutil. Permanece simplemente en silencio, completamente solo. Ni siquiera ores, porque eso nuevamente es una droga, empiezas a entretenerte, empiezas a hablar con Dios, te escapas de ti mismo.

"Atisha lo dice: simplemente sé tú mismo. No importa el dolor, no importa el sufrimiento producido. Ante todo experiméntalo en su total intensidad. Será difícil, tendrás que entregar el corazón: Puede que empieces a llorar como un niño, puede que te revuelques por el suelo por la profundidad de la pena, tu cuerpo puede tener contorsiones. Puede que te des cuenta súbitamente de que la pena no sólo está en el corazón, sino en todo el cuerpo, de que duele por todas partes, de que es penoso por todas partes, de que todo tu cuerpo no es otra cosa que dolor. Si lo puedes experimentar- esto es de tremenda importancia- entonces empieza a absorberlo. No lo deseches. Es una energía tan valiosa, no la deseches. Absórbela, bébetela, acéptala, dale la bienvenida, siéntete agradecido. Y, puedes decirte: "Esta vez no voy a esquivarlo, esta vez no voy a rechazarlo, esta vez no voy a desecharlo. Esta vez me lo beberé y lo recibiré como a un huésped. Esta vez lo voy a digerir". Puede que te lleve unos pocos días el ser capaz de digerirlo, pero el día que esto suceda habrás dado con una puerta que te llevará realmente muy, muy lejos.

"Una nueva jornada ha empezado en tu vida, te estás desplazando hacia una nueva clase de ser, porque inmediatamente, en el momento en que aceptas la pena sin ningún rechazo, su energía y su cualidad cambian. Deja de ser una pena. En realidad uno se queda sorprendido, no lo puede creer, es algo tan increíble. Uno no puede creer que el sufrimiento pueda ser transformado en éxtasis, que la pena se puede convertir en gozo. Cuando una cosa cualquiera es total, se transforma en su opuesto.

"Éste es un gran secreto que debe recordarse. Cuando algo es total se cambia a su opuesto, porque no hay forma de seguir adelante; se ha llegado al final. Observa un viejo reloj de péndulo. Lo hace una y otra vez: el péndulo va hacia la izquierda, a la extrema izquierda, y luego hay un punto que no puede traspasar; entonces empieza a moverse hacia la derecha. Los opuestos son complementarios. Si puedes sufrir tu sufrimiento en su totalidad, con gran intensidad, te quedarás sorprendido... No serás capaz de creértelo cuando sucede la primera vez, que tu propio sufrimiento absorbido voluntariamente, con aceptación, se convierta en una gran bendición. La misma energía que se convierte en odio, se convierte en placer; la misma energía que se convierte en sufrimiento, se convierte en bendición".

Cortesia de OSHO

Nuestro Taller del 19

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Este sábado de 19 de junio, tuve el honor y el placer de trabajar con mi Compañera de Camino, Maria Celeste Diaz, en el Taller Terapéutico “Los Poderoso Lazos de Amor”.


Una cálida, soleada y acogedora mañana… un poco extendida hasta las 3pm..

Un grupo hermoso.. abierto y disponible 100% a ellos… Gracias por permitirme verme en ellos.

A mi CC bella… gracias por tu respeto y confianza, pero sobretodo por estar siempre pendiente de nuestro “dar y recibir” y cuidar ese equilibrio, lo he sentido y te lo agradezco.

Algunos aprendizajes de ese día, fueron:

• El aprendizaje ahora es que comienza

• Estamos interconectados, somos UNO

• Que no somos los únicos que tenemos ese “problema”

• Mis padres hicieron lo “mejor” que pudieron

• Soy la pequeña, mi mama es la grande

• Soy libre de hacerlo diferente

• Si no expreso la Rabia, puedo destruirme a mi misma

A todos y a sus familias perfectas GRACIAS!

Daphne

Campos Morfogeneticos

jueves, 17 de junio de 2010 0 comentarios
Video explicativo sobre los Campos Morfogeneticos o Campos Morficos.

A mi papi

miércoles, 16 de junio de 2010 0 comentarios
Ya casi un año que no te puedo ver, aunque hablo contigo todos los días, a veces te cuento, a veces te pido, a veces te pienso a propósito con algo de culpa y con miedo a olvidarte, a veces algo me sorprende y te recuerdo, a veces siento que estas bien, a veces siento miedo e incertidumbre, a veces no sé nada solo siento, pero siempre, siempre hay un inmenso deseo porque sepas, porque aun puedas o logres sentir que te amo… si al menos pudiera saber que si.

La Lealtad Familiar

jueves, 10 de junio de 2010 0 comentarios

La lealtad es un sentimiento de solidaridad y, compromiso que unifica las necesidades y expectativas de la unidad social "la familia" y los pensamientos, sentimientos y motivaciones de cada miembro.



Se considera que el individuo está inserto en una red de lealtades multipersonales. Dentro del contexto de esta red estructurado, se exige que cada persona cumpla las expectativas y obligaciones del grupo.

La dinámica familiar se vuelve más transparente en cuanto se descubre quién está ligado a quién por una lealtad abierta o encubierta y lo que esto significa para las personas así vinculadas. Los síntomas de un individuo son la expresión de su lealtad hacia la familia y, por consiguiente, debe evaluarse como un aporte positivo.

Dentro del sistema familiar, la lealtad puede entenderse como la expectativa de adhesión a ciertas reglas y la amenaza de expulsión si se transgrediesen. Por tanto, la estructura psíquica de un individuo es una internalización de expectativas y percepciones lealmente aceptadas.

La lealtad es la clave para comprender la "delegación" y los consiguientes descarrilamientos.

La persona a quién se delega algo es enviada, pero a la vez está ligada a la familia por la larga cuerda de la lealtad.
Las personas delegadas prueban su lealtad cumpliendo la misión que les han encomendado, y la realización de la misión asignada origina sentimientos de autoestima.

SINDROME DE ANIVERSARIO

(según Josephine Hilgard, difundido por Anne Schutzenberger)

Josephine Hilgard escribe en el año 1953 , acerca de lo que llamo ” la reacción de aniversario “ que algunos padres mostraron en las investigaciones que realizaba.

Se trataba de reacciones precipitadas o reactivadas que se producían en las personas estudiadas cuando, sus hijos alcanzaban la misma edad que ellos tenían al ser internados o fecha en que fallecieron alguno de los progenitores.

Así una mujer debe ser internada con diagnostico de esquizofrenia, a la misma edad en que su madre fuera internada por la misma causa y que su hija tuviera la misma edad que ella tenia en aquel momento.

Hoy podemos describir esta dinámica como síndrome de Doble aniversario.

Quien profundizo en la repetición de fechas y edades en la vida de las personas ligadas a su genealogía , fue Anne Schutzenberger , retomando las ideas de Josephine Hilgard.

Todos sabemos que el inconciente tiene buena memoria , y así se repiten fechas de nacimientos de casamientos, niños que nacen en la fecha de fallecimiento de un abuelo o abuela para recordar a su progenitor el lazo significativo que tenia con su madre o padre , fechas en que comienza una enfermedad, coincidencia de una separación con los años que el progenitor tenia a la fallecer, a la misma fecha años posteriores pueden repetirse accidentes graves , internaciones, perdidas económicas.

A la misma edad que falleció una madre o padre, el hijo o hija comienzan con sintomatología física a veces grave.

Hijo de reemplazo:

Son hijos concebidos sin haber hecho el duelo por un hijo anterior fallecido

El embarazo reemplaza al duelo.

La madre recibe a un nuevo hijo en duelo.

A veces también el nuevo hijo nace el día de la muerte o del entierro del fallecido e inclusive se le da el mismo nombre.

La cripta y el fantasma

(según Nicholas Abraham y Maria Torok)

A veces las personas cargan con “ un muerto no enterrado”. Se trata de un miembro de la familia que por circunstancias injustas , vergonzosas, embarazosas,”no pueda irse “ quedando encriptado “en el corazón de algún descendiente. Por efecto ventrílocuo es como si hablara a través del descendiente.

Nicholas Abraham se vio a menudo enfrentado en su practica clínica con el problema de percibir un cambio en el discurso del paciente , tan abismal a veces , que parecería como si otra persona estuviera hablando por boca de su paciente , en una experiencia para Abraham, fuera del campo de cualquier explicación psicoanalítica y de su propia experiencia terapéutica. También la familia del paciente confirmaba tan extraño cambio. Parecía que la persona dejara de ser él, se comportaba como si fuera otro. Como si estuviera poseído por un fantasma, que sostiene un pesado y escondido secreto familiar, que “emerge desde una cripta “ al interior de un descendiente, y que se manifiesta físicamente o psíquicamente .

Secretos familiares

Cuando hablamos de secretos que tienen efectos traumáticos, nos referimos a secretos que esconden vergüenza y dolor , para la persona y la familia, y que al instalarse en un sistema, dificultan las relaciones y la comunicación y producen desconfianza , confusión, y son fuente de malestar y enfermedades

Los hechos silenciados, se convierten en algo no puesto en palabras que pasan a la siguiente generación como secretos familiares y en una tercera se transforman en algo “impensable”,es decir, que no se puede siquiera reparar en ello. Todo funciona c omo si hubiese un fantasma oculto

Los secretos familiares, por lo tanto, pueden actuar sobre varias generaciones.

Cuando trabajamos con enfermedades psicosomáticas, duelos no resueltos, problemas de relación , dificultades de aprendizaje, problemas laborales, enfermedades mentales, etc, tanto con niños como con adultos, nos encontramos con frecuencia, con hechos que desconocen y que aun así, tienen efecto sobre ellos.
Estos hechos no están siempre ligados a situaciones del aquí y ahora de la persona, sino que como hechos inconclusos , disociados de la conciencia personal y familiar, pertenecen al pasado psicológico de la familia e intentan resolverse y cerrarse, pasando de generación en generación .

Los tres grandes temas de los secretos tiene que ver con el origen , la muerte y el sexo.

Los secretos fueron hechos vergonzantes en la época en que sucedieron , por eso se los excluye , tanto al hecho en si ,como a las personas involucradas.

Por lo tanto , todo lo que atenta con una buena imagen personal, familiar y social, y que la mayora de la gente no logra manejar, se convierte en secreto.

Algunas herramientas adicionales a las Constelaciones Familiares para trabajar el abordaje transgeneracional son :
GENOGRAMAS

El genograma es un formato para dibujar un árbol familiar que registra información sobre los miembros de una familia y sus relaciones durante por lo menos tres generaciones.

Es mas bien , una herramienta interpretativa subjetiva con la cual generar hipótesis sistémicas y personales.

Puede definirse como un mapeo de acontecimientos familiares que se representan gráficamente de acuerdo a lo que el consultante tiene en su memoria.

El genograma puede interpretarse en forma horizontal a través del contexto familiar y vertical a través de las generaciones.

Es posible evaluar la relación de los actores inmediatos entre sí en el drama familiar y comprender la fuerza o vulnerabilidad del sistema en relación a un tema o respecto a la situación global.

El genograma representa gráficamente toda esta información, proporcionando una gestalt de complejas normas familiares y una valiosa fuente de hipótesis sobre como, un problema clínico actual, puede estar relacionado con el contexto familiar, y también da información de la evolución tanto del problema como del contexto a través del tiempo.

Generalmente se asocia el genosociograma con la teoría de los sistemas

Familiares ( Bowen , Mc Godrick, son nombres conocidos de terapeutas que han popularizado el genograma).

GENOSOCIOGRAMA

Creado por Anne Schutzenberger ,

Una psicogenealogía o un genosociograma es un árbol genealógico sobre el cual se inscriben los eventos importantes de vida en cada generación

Y también los vínculos de todos los miembros con todos. Los datos son volcados sobre una pizarra, o sobre un papel, comentando durante su elaboración, terapeuta y paciente sobre los vínculos afectivos dentro de la red familiar, tanto de la rama de familia materna como de la paterna.

Durante la elaboración de un genosociograma aparecen datos de fechas, nombres, injusticias vividas, hechos traumáticos y dolorosos y también hechos que produjeron grandes alegrías.

A veces el mapeo descubre repeticiones significativas ( de fechas, enfermedades, síntomas, accidentes, separaciones, etc)

Avanzando algunas generaciones hacia atrás aparece el hecho transgeneracional fundante y originario de la cadena de repeticiones.

En general se unen los vínculos positivos entre generaciones o entro de una generación utilizando el color verde .

Los vínculos negativos se los indica en zigzag negro

Las repeticiones entre generación y generación pueden anotarse para ser resaltadas en color rojo .

De forma tal que se pueda seguir una historia y también las repeticiones que hay en un sistema familiar sobre varias generaciones.

Se elabora el trabajo , paciente y terapeuta , a medida que se habla y recaban los datos.

Cunado se trabaja con enfermedades graves , es importante tomar nota de la fecha de aparición de la enfermedad, los hechos que sucedian en el contexto familiar y sociales , y hechos que sucedieron en las mismas fechas en generaciones anteriores.

Generalmente el consultante piensa que posee menos información de la que finalmente aparece, a veces , sin saber que la tiene .

A veces es necesario completar la información.

El terapeuta invita y sugiere al paciente buscar mas información.

Es conveniente la participación de los miembros de la familia, según los casos, para ver incluir diferentes fuentes de información y vivencias sobre la realidad del sistema. Es común que suceda que aparece el relato de hechos por algún miembro de la familia que otro u otros desconocían.

Aun así es necesario considerar la posibilidad de tener entrevistas individuales con los diferentes miembros o por lo menos con los interesados o involucrados en las cuestiones a resolver.
 
Tomado de Mabel Meschiany

Las etapas de Paulo Coelho / by Meeeliis*

viernes, 4 de junio de 2010 0 comentarios

Hermoso Video sobre lo importante de cerrar las etapas de la vida... y entregarlas.

Mamas e Hijas en el dia del Padre

miércoles, 2 de junio de 2010 0 comentarios

El corazón de aquel que ha comprendido que lo presente esta en resonancia con lo pasado, tanto bueno como malo, está en sintonía con el mundo.

La fuerza para vivir nuestros destinos a plenitud proviene de nuestros Padres, de ambos, los conozcamos o no y estemos de acuerdo o no como lo hicieron.

Cuando una hija o hijo no reconoce a su “Padre”, hay una parte que falta, una parte que no reconoce en sí mismo y estará eternamente buscándola en otra gente o asumiendo roles que no le corresponden.

Un hijo sin “Padre” es un hijo perdido, divagando, desde un origen desconocido hacia un final incierto.

Cuando las “madres” no respetan a los “padres” de sus hijos, estos últimos sufrirán mucho y en cierta forma expiaran su culpa o se vengaran de la madreen forma encubierta .. en el fondo lo que una Madre así le dice a su hijo es: Toma solo de mi, de la familia de tu padre no vale la pena nada. En estos casos puede surgir en el hijo “la adicción”.

Podemos hacer algo….

• A mi padre: Querido Papi aunque te haya juzgado, aunque me haya dolido, aunque a veces haya creído que soy mejor que tu, puedo verte con otros ojos, puedo decir SI SI SI a todo lo que me has dado, a lo bueno y a lo malo, porque lo esencial es la VIDA, de todo lo que me das tomare la fuerza para hacer algo bueno y hermoso en mi vida y para pasar la VIDA a mis hijos. A veces me has hecho falta, a veces he sentido rabia, me acepto completamente por eso, pero ya soy adulto y si algo falto yo misma puedo encontrarlo.



• Al padre de mis hijos: A ti te doy la gracias, cada vez que veo a mis hijos, recuerdo nuestro amor y siento que valió la pena y cualquier cosa que ocurrió entre nosotros, es entre nosotros.



• A mis hijos: Cada vez que te veo, recuerdo el amor que sentí o siento por tu padre. Tienes el mejor padre porque yo tengo el mejor hijo.


Feliz dia de los Padres





El Arte de Ayudar

lunes, 31 de mayo de 2010 0 comentarios
Conferencia  Bert Hellinger– 23 de octubre de 2003 - Londres

Para empezar esta conferencia, me gustaría comentar algo sobre la ayuda y también sobre el “Arte de Ayudar”. Estas dos formas de ayudar se basan en diferentes enfoques. Ayudar suele ser algo muy natural; todos sabemos por experiencia propia qué es sentirse ayudado, especialmente cuando proviene de nuestros parientes. La ayuda que recibimos de ellos es algo que emerge del corazón de forma natural porque les “llena” hacerlo. Ayudar nos llena y nos realiza. Y debido a que alguna vez nos han ayudado, queremos ayudar a los demás y lo hacemos, por supuesto, cuando somos adultos, cuando tenemos hijos y cuando servimos a personas que lo necesitan.



Muchas veces, la ayuda encubre una necesidad de equilibrar o compensar algo. Debido a que hemos recibido cosas buenas y ayuda de los demás, queremos equilibrarlo y compensarlo ayudando a los demás. Existen dos formas diferentes de restablecer el equilibrio. La primera se da cuando damos a alguien algo de igual valor que lo que nos devuelve, de esta manera se mantiene un cierto equilibrio en la relación. Por ejemplo, las parejas se equilibran dando y recibiendo de otra manera, lo hacen de una forma sorprendente porque se aman mutuamente. Generalmente, cada uno da al otro un poco más de lo que ha recibido y, de esta manera, el intercambio crece y se vuelven cada vez más felices.



En cambio, en relación con nuestros padres nunca podremos sentir el equilibrio y devolver lo que hemos recibido; no podemos alcanzar el equilibrio en relación con nuestros padres. Hemos recibido tanto de ellos que nunca se lo podremos devolver en la misma cantidad. Aún así, existe una forma de restablecer el equilibrio: dando a otros lo que hemos recibido de ellos. En la actualidad mucha gente que trabaja de forma profesional en el campo de la ayuda, se sienten impulsados a dar a los demás lo que han recibido de sus padres. Esta acción puede ser vista como gesto bueno. Pero, la pregunta es: si lo que ellos transmiten se puede considerar realmente una ayuda. Por supuesto que ayuda al terapeuta, pero queda por determinar si esa actitud ayuda realmente al cliente. Esta es un pregunta importante para reflexionar.



En su trabajo, muchos profesionales que se dedican a la ayuda aplican en el campo terapéutico las formas que aprendieron en su casa con su familia. Sentimos empatía o simpatía por los demás y queremos transmitir y dar lo que hemos recibido. Pero en el campo de la ayuda profesional esa actitud puede ser muy peligrosa. ¿Por qué? Si ayudamos a la gente de esta manera nosotros nos sentimos grandes y ellos pequeños. El cliente trae una necesidad y nosotros se la cubrimos. De esta manera, se crea una relación muy sorprendente. Esa relación es la llamada “relación terapéutica” de la que a veces me pregunto si realmente es terapéutica. Si alguien viene con una necesidad, éste crea una transferencia hacia el terapeuta, como lo hace un niño hacia los padres. Y el terapeuta crea una contra transferencia y se comporta como un padre o una madre. En muchas escuelas de psicoterapia, esta forma de relación se valora altamente. Pero cuando miramos hacia la familia en general, podemos ver que después de algún tiempo de vivir con los hijos, los padres no llenan las todas las necesidades y no les dan todo lo que ellos necesitan. Frustran a sus hijos y de esta manera estos se enfadan a la ves que empiezan a independizarse. Así, la frustración de obtener la ayuda que uno espera es un paso importante para el crecimiento personal. Actualmente, muchos terapeutas cuando entran en la “relación terapéutica” se sienten como un padre o una madre hacia el niño, manifiestan una empatía similar a la del padre con el hijo y debido a esa actitud impiden el crecimiento del cliente.



Las “relaciones terapéuticas” no pueden llegar a buen término. ¿Por qué? Muchos de los que buscan ayuda en psicoterapia, esperan que el terapeuta les de algo que han perdido cuando eran niños. Así, repiten lo que experimentaron cuando eran niños y buscan y piden por aquello que solo los padres pueden llenar. Pero sucede que en una “relación terapéutica”, muchas veces el terapeuta se comporta como un padre o una madre mejor que los del cliente, especialmente si este se queja de sus padres y de la niñez que tuvo. Así, el terapeuta al sentirse como un padre o madre mejor que los biológicos, se convierte en un enemigo del cliente, porque en el fondo de su corazón éste se siente fiel a sus padres. Lo que el cliente espera es que al finalizar la terapia, encuentre el camino de regreso a sus padres. Solamente cuando esa unión con los padres se restablezca y se profundice se sentirá colmado en su alma.



He observado que no hay ningún secreto en esto. Muchos niños intentan ayudar a sus padres y se sienten grandes cuando lo hacen. Repentinamente se comportan como padres y tratan a sus padres como hijos. Esta es una inversión de la verdad. Lo he visto y lo pueden comprobar por ustedes mismos. Cuando el terapeuta se comporta en el campo de la “relación terapéutica” de la manera que he descrito, éste se comporta de forma superior frente a sus propios padres. Y repite el mismo comportamiento que experimentó como niño dentro de la “relación terapéutica”. Esta es la razón del porqué estos terapeutas tienen dificultad a poder trabajar el asunto de un cliente que tiene problemas con los padres.



¿Qué puede conseguir este tipo de ayuda? Tengo una curiosa observación. He tratado con mucha gente y he notado que existe solamente un problema: ellos perdieron a sus padres. Sus problemas existen porque perdieron la conexión con sus padres. Quien ha perdido la conexión con sus padres se siente disminuido, siente la falta de algo importante porque la vida nos llegó a través de nuestros padres y sólo si estamos en paz con ellos, si los respetamos, podemos tomar de ellos la vida en su totalidad.



¿Cuál sería el movimiento terapéutico que ayudaría al cliente a encontrar el camino hacia sus padres, especialmente hacia su madre? La terapia simplemente se centra en acompañar al niño/a a casa de sus padres. ¿Y cómo podemos realizarlo? Sólo si el terapeuta respeta a los padres del cliente, si los quiere y les da un lugar en su corazón. De esta manera, si un cliente viene a la consulta para quejarse de sus padres, no habrá posibilidad de que él venza al terapeuta o de que el terapeuta se ponga en contra de sus padres. De esta manera, la “relación terapéutica” de la que hablé anteriormente resulta imposible. Esta actitud forma parte de “Arte de Ayudar”. Cuando realmente lo comprendemos, cambia nuestro comportamiento en el sentido de que padres e hijos vienen juntos y el terapeuta no es superior a ninguno de los dos. De hecho, él ocupa el tercer lugar en esta relación. Primero están los padres, luego los hijos y por último el terapeuta. De esta manera, se ponen las cosas en su lugar y el terapeuta descansa en un sitio seguro. Pero todo esto el terapeuta lo puede lograr solamente si ha dado un lugar en su corazón a sus propios padres.



Para daros una idea de cómo podría ser lo que estoy diciendo, voy a proponeros un meditación. Cierra lo ojos y te ves frente a tus padres y miras a tu madre y a tu padre. Y detrás de ellos ves a sus padres, y detrás de sus padres a los otros padres, muchas generaciones, quizás miles de generaciones. Y la vida fluye por todos ellos. Ninguno puede añadir algo, ninguno puede quitar nada a la vida. Simplemente reciben la vida y la pasan. Recibiendo y dando la vida todos son perfectos. Ninguno de ellos es mejor, ninguno peor. No importa como fueron, porque en cuanto a dar vida todos somos iguales. Si miramos a nuestra madre y a nuestro padre y nos sentimos como un niño, podremos abrir nuestro corazón y nuestra alma a la vida que nos han dado.



Y podemos decirle: “Gracias. Ahora lo tomo de ti, exactamente como me lo has dado. Y lo tomo todo al precio que pagaste por ello y al precio que tengo que pagar por ello. Vale la pena, cualquiera haya sido el coste. Y ahora haré algo con ello, en tu honor y en honor a la vida que me diste. Y no habrá sido en vano. Todo lo que hiciste por mí, ahora lo tomo con amor. Y si algo faltara, ahora soy lo suficientemente fuerte para hacerlo yo mismo. Tengo suficiente.”

Y ahora nos ponemos con la espalda apoyada sobre nuestros padres y miramos hacia delante, quizás hacia nuestros hijos y nietos y a otras personas a quienes ayudamos a sentirse más llenos en su vida.



Si reconocemos esto, la ayuda puede darse de una forma muy simple. No necesitamos tener muchos conocimientos si recordamos lo esencial del asunto. Aún quiero agregar algo más. Todos somos miembros de alguna familia. Y la familia como una totalidad es movida hacia una cierta dirección por algo que es común a todos los miembros de la familia. Se parece a una conciencia común o alma común del cuál todos forman parte y esta alma los dirige en una dirección. Dentro de la familia y bajo la influencia de esta conciencia suelen suceder situaciones como: que un miembro de la familia sea rechazado, despreciado, olvidado o injustamente tratado. Si sucede una situación como ésta, bajo la influencia de esa conciencia común y ese alma común, un miembro posterior de la familia terminará representando a la persona que fue olvidada, rechazada o injustamente tratada. Así, cuando un cliente viene a solicitar ayuda, él espera ser recibido con empatía. Si el terapeuta mira más allá de la persona individual, y mira a su sistema, su sistema familiar, en primer lugar debe dirigir la empatía hacia los padres del cliente y luego hacia aquellos que han sido olvidados o rechazados, o quienes han sufrido alguna injusticia. Así, el terapeuta desplaza su empatía del cliente hacia los que la merecen en primer lugar. Esta acción tiene el efecto de restablecer el equilibrio en el sistema familiar. De esta manera, todos los miembros de la familia se enriquecerán y serán más felices, incluido el cliente. Así, la empatía al principio se desvía del lugar a quien se tendría que dirigir. Permito que el cliente mire a sus padres y a aquellos que pueden haber sido excluidos. Lo primero que hago es darles un lugar en mi corazón y luego restablezco el orden correcto. Y el cliente también es incluido en este proceso ocupando el lugar correcto. Esta es una “empatía sistémica” y una “ayuda sistémica”.



Cuando me conduzco de esa manera, puede parecer que no tengo en consideración al cliente, pero lo hago solo con los clientes que esperan que me comporte como un padre que les permite que se comporten como personas necesitadas; teniendo la actitud del que espera que los demás hagan algo por ellos en vez de hacerlo por sí mismos.



Y ahora, quiero hablar sobre otro tema. Yo no soy un terapeuta sino soy un filósofo. Antes que nada, soy un filósofo y para mí la terapia y la ayuda es “filosofía aplicada”. No cualquier tipo de filosofía, sino una filosofía al servicio de la vida. Si echo una mirada a mi mismo y a mi familia y miro al mundo desde una perspectiva filosófica, puedo ver que, por ejemplo, en mi cuerpo habita una fuerza que sostiene el cuerpo unido y lo conduce en alguna dirección. Bajo la influencia de esa fuerza podemos crecer, dar vida y estar sanos. Todo en nuestro cuerpo se mueve según ciertas leyes y si no observamos esa leyes podemos enfermar. Esas leyes no vienen del cuerpo. Vienen de algo más grande, porque el cuerpo no puede desarrollar esas leyes por sí mismo. Estas leyes nos son impuestas por algo más grande. A la fuerza que mueve el cuerpo la llamo “alma”. Toda vida está viva; todo lo que vive está vivo porque es impulsado por un alma. La fuerza de vida que nos hace sentir vivos es el alma: las plantas tienen alma, los animales tienen alma, nosotros tenemos un alma. No tenemos un alma personal como tampoco tenemos una vida personal. La vida no nos pertenece. Incluso cuando nos morimos, la vida no muere, simplemente nos abandona y ella continua.



También, el alma no nos pertenece sino que nos posee, y cuando nos morimos nos abandona. El alma es una fuerza que nos permite estar en relación con nuestro entorno de una forma sana. No podríamos vivir si no estuviéramos en relación con nuestro entorno. Nosotros y el entorno estamos unidos por algo común y a ese algo le llamo alma. Platón observó que no podía haber comunicación entre dos personas que se mantuvieran aisladas. Sólo podrían comunicarse y entenderse cuando estuvieran en algo que fuera común a ellos y que estuviera entre ellos. A ese algo le llamo alma. Cada familia tiene un alma común, por ejemplo, podemos ver como algunos miembros de una familia son guiados en una misma dirección por algo que les es común; ese algo es el alma. Más allá de las familias, las naciones, las religiones u otra forma de grupos grandes, éstos están unidos por algo que es común a cada grupo. Para mi, este es el alma.



El alma sólo sigue ciertas leyes. Algunas de ellas las he expresado como “Los Órdenes del Amor”: las relaciones pueden ser satisfactorias si seguimos ciertas leyes. Estas leyes no provienen del alma sino del exterior, porque de lo contrario el alma no las podría seguir. Si tengo que seguir un ley, ésta no puede provenir de mi interior sino del exterior. Lo mismo podemos aplicar aquí. Más allá del alma hay algo que está funcionando y en inglés le podemos llamar espíritu; en alemán le llamamos “Geist”. Aunque la mente humana tiene en ella algo de ese espíritu, también sigue ciertas leyes; está sujeta a esas leyes. Por ejemplo, podemos pensar en la ley de causa y efecto, en el tiempo y el espacio. No podríamos pensar sin esas leyes. Son leyes de las que dispone la mente; debemos seguir esas leyes que son las leyes de la lógica. Debemos seguirlas porque no estamos por encima de ellas.



Sin embargo, más allá de la mente, debe haber algo más grande que no obedece ninguna ley pero las proporciona y las mantiene; estas leyes provienen de ese lugar. A ese lugar le llamo espíritu. Como yo lo percibo, el espíritu es algo creativo. Está más allá de todo lo vivo y se mueve como una fuerza creativa. La fuerza creativa tiene movimiento. No hay creación si no hay movimiento. Por ello, este espíritu que mueve todo lo que existe está siempre en movimiento. La creación está siempre en movimiento. Cuando pensamos de esta manera, podemos ver una importante consecuencia: todo lo que es creativo permanece imperfecto. La fuerza creativa nunca llega a un final; por eso todo lo que viene del espíritu permanece imperfecto. Si buscas la perfección, no podrás estar en sintonía con esa fuerza creativa. Espero no haber ido muy lejos con el desarrollo del pensamiento filosófico. Creo que este desarrollo puede se alimento para el pensamiento.



¿Cómo podemos ponernos en contacto con esa fuerza creativa? Existe una forma de ponernos en contacto con esa fuerza, una manera filosófica de entrar en contacto de modo que podamos llegar a comprensiones que están más allá de nuestra mente y pensamiento. Y ésta es: exponernos a esa fuerza creativa. Los antiguos griegos tenían un nombre especial para expresar la verdad, pero con el tiempo se perdió ese sentido. En la antigua filosofía griega, a la verdad se le llama aletea. “A” significa no y “letea” significa encubierto, escondido. Cuando no hay nada que esté encubierto o escondido, entonces emerge la verdad.



¿Cómo podemos reconocer la verdad? La verdad no está dentro nuestro, pero si nos exponemos al fenómeno, a todo tal cual es, estando de acuerdo con ello exactamente tal cual es y asintiendo a ello exactamente tal cual es, se produce un movimiento interno. Nos vaciamos. Al estar de acuerdo con las cosas tal como son, los deseos, los pensamientos y las teorías se desvanecen por estar de acuerdo con las cosas tal como son y de esta forma nos vaciamos y nos sentimos recogidos. Así, podemos dirigirnos hacia algo que nos es desconocido. Cuando nos salimos de todos los fenómenos que anteriormente he hablado, podemos percibir lo que es esencial. Es como el corazón de una madre, se dirige a lo realmente esencial. Lo esencial no puede verse; se manifiesta en uno de forma repentina como un rayo luminoso y así podemos saber el próximo paso que tenemos que dar. De esta manera, este conocimiento siempre nos ayuda a hacer algo que no podríamos haber hecho antes.



¿Porqué he hablado sobre todas estas cosas? Los artistas han desarrollado esta forma de percibir las cosas. Un artista puede ver lo que los demás no notan. Esta forma que se manifiesta al artista, está más allá de la superficie del fenómeno. Y viene del lugar que llamo espíritu; es una conexión con algo que está más allá de los fenómenos visibles. Y el “Arte de Ayudar” es una ayuda desde un punto de vista filosófico. Cuando me viene hacer algo por el cliente, espero, me expongo a la fuerza creativa hasta que me viene algo de afuera que lo siento como esencial. Si me conduzco de esa manera, realmente puedo ayudar. Esa es la razón de que el “arte de Ayudar” sea una forma de “Filosofía Aplicada”.