Mi Familia es Perfecta

jueves, 27 de mayo de 2010

Aunque hay opiniones y teorías al respecto, lo cierto es que aun no sabemos si pertenecer a una familia u otra fue nuestra elección individual. Nacemos un día producto del encuentro de dos almas, un padre y una madre, que a su vez nacieron producto del encuentro de los abuelos.

Es un hecho que de ellos nos viene la dicha y el privilegio de estar vivos, independientemente de si los conocí o no, me cuidaron o no, a través de ellos nos viene lo “Vital” y eso es lo verdaderamente esencial como para honrarlos de por vida y tomar con agradecimiento aquello que nos han dado “la Vida”

Todo parte de nuestro origen, nuestra mayor herencia, la familia a la que pertenecemos, la más perfecta con todas las imperfecciones, la más acertada con todos los errores, justo la que el destino tenía prevista para mí, para mi plan de crecimiento.

Y aquí me gustaría compartir una historia:

Durante mi largo proceso de auto-desarrollo he leído muchos libros, he asistido a muchos talleres, terapia, entre otras cosas. Y en alguno de esos encuentros se me dijo que recordara que soñaba yo ser cuando pequeña, que tratara de recordar que actividades me gustaban hacer, que sueños recurrentes lograba recordar durante mi infancia. Pero yo no fui ese tipo de persona que se disfrazara de un personaje, o que soñara ser enfermera, maestra, cantante, nada de eso. Y eso me llenaba de inquietud, será que yo no tendría vocación? me decía.

Pero hay recuerdos que se mantienen a lo largo de los años y son acontecimientos que se comprenden en algún momento de la vida. Yo recordé una conversación que tuve un día con mi padre, él era militar activo, para mí, como para cualquier niña de mi edad, era el mejor, el más inteligente y exitoso. No recuerdo el contexto de la conversación, pero recuerdo perfectamente que le pregunté: papi como descubriste tu vocación de ser militar?, yo esperaba una compleja y elaborada respuesta sobre la patria, el nacionalismo, la guerra, la paz, no sé exactamente cuáles eran mis expectativas, pero recuerdo casi vívidamente la frustración que sentí cuando me dijo algo así como: no hija, yo no tengo vocación militar ni nada de eso, era la forma de tener mis gastos cubiertos, era lo más práctico. Cómo era posible?.

De mi madre siempre percibí, escuché y sentí su frustración por haberse tenido que dedicar a nosotros desde muy joven. Aparentemente no había podido ser lo que quería ser, y digo aparentemente porque aún no sé que le hubiera gustado ser o hacer en su juventud, y no sé si ella pudo saberlo.

Mi abuelita siempre quiso ser pintora, pero “todos se burlaban” y ella no pudo con eso, y al final luego de una promesa decidió no hacerlo más.

En fin, mi familia, mi origen no es un ejemplo de orientación vocacional, propósito, pasión y lucha por los sueños, sino todo lo contrario y asiento a eso, así como es. Esto pudiera ser una razón para lamentarme, molestarme con mi vida, con mi familia; pero ahora lo entiendo y doy las gracias, no pudo ser más perfecto, así como es. Justamente esa es mi área de desarrollo, allí está perfectamente orquestado para mí en ese plan mayor.

Con esta breve historia personal quiero transmitirles que hasta el peor padre del mundo, la familia más disfuncional o el evento más difícil tiene un sentido en nuestra vida, un significado que hay que mirar y tomar.

Otro revelador ejemplo de lo que digo, lo escuche un día en la radio, era una entrevista que le hacían a Mónica Montañés, ella es escritora de teatro y novelas en Venezuela, muy exitosa y extraordinaria, recuerdo una pregunta que le hiciera el conductor del programa, que como era posible que ella a los 17 años sin haber vivido prácticamente nada, pudiera escribir una obra de teatro tan compleja como es “El aplauso va por dentro” y ella con cierta ingenuidad respondió es que yo vengo de una familia terrible, con muchos problemas de relaciones, y yo dije, claro ahí está, la verdad asumida y aceptada con dignidad y utilizada como un verdadero trampolín para el éxito y la libertad.

Y en esto quiero hacer mucho énfasis, porque tenemos solo dos opciones, o lamentarnos sobre cómo fue nuestro pasado y nuestra familia o subirnos en esa trampolín imperfecto y perfecto a la vez y brincar lo más lejos que podamos llegar.


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